El magnesio se ha convertido en el suplemento estrella contra los calambres nocturnos. Se vende sin receta, es barato y suena lógico: si los músculos se contraen mal, un mineral que interviene en su función debería ayudar. Pero cuando se mira la evidencia, la historia es más incómoda.
Por qué se recomienda tanto
El magnesio participa en la función normal de músculos y nervios, y una deficiencia grave puede causar espasmos. De ahí el salto lógico: «tengo calambres, me falta magnesio». El problema es que ese salto no siempre se sostiene.
Lo que muestran los estudios
En ensayos clínicos aleatorizados con adultos, los suplementos de magnesio no superaron de forma significativa al placebo para reducir los calambres nocturnos. Es decir, quienes tomaron magnesio mejoraron de manera parecida a quienes tomaron una pastilla sin principio activo. Además, la mayoría de las personas con calambres tienen niveles normales de magnesio.
Cuándo el magnesio sí ayuda
Si una analítica confirma una deficiencia real de magnesio, corregirla tiene sentido y puede aliviar síntomas. También hay situaciones particulares —como algunos casos durante el embarazo— en las que un profesional puede valorarlo. La clave es saber si de verdad hace falta, no suponerlo.
Posibles efectos secundarios
El magnesio no es inofensivo por ser «natural». En dosis altas puede causar diarrea y molestias digestivas, y en personas con problemas renales puede acumularse. Por eso conviene hablar con un profesional antes de empezar.
Qué hacer en su lugar
Antes de gastar en suplementos, prueba medidas de bajo riesgo: estiramientos suaves de la pantorrilla, actividad física regular sin excesos, buen calzado y una postura al dormir que no mantenga el pie muy apuntado hacia abajo. Y si los calambres son muy frecuentes, intensos o se acompañan de otros síntomas, busca la causa con un profesional en lugar de asumir que todo se debe al magnesio.


